Alejandro de Miguel, rendido ante la Reina Sofía: "Es un orgullo inmenso vestir a la que para mí es la reina más elegante del mundo"
El diseñador toledano se emociona al hablar de su trabajo con Doña Sofía y reivindica el papel de su taller en sus éxitos en el Palacio de la Zarzuela.
Hay momentos en los que la discreción absoluta, esa que se lleva casi como un mandamiento inquebrantable, deja paso a la admiración más sincera. Esto es precisamente lo que le ocurrió al diseñador toledano Alejandro de Miguel durante su reciente paso por el photocall de la gala de Mr. Gay España.
Frente a los micrófonos de los medios de comunicación, el modista no pudo evitar emocionarse al recordar uno de los encargos más exigentes y especiales de toda su trayectoria: el conjunto que confeccionó para la Reina Sofía con motivo de su importante audiencia con el Papa León XIV.
Con los ojos brillantes y un orgullo difícil de disimular, Alejandro confesó ante la prensa una verdad que repite siempre que tiene la oportunidad: "Yo siempre digo que es un orgullo inmenso vestir a la que para mí es la reina más elegante del mundo".
Además, no dudó en elogiar la cercanía y profesionalidad de la emérita, asegurando que "siempre es fácil con ella". Al mismo tiempo, quiso poner en valor el esfuerzo diario y el talento que se esconde en su taller, recordando que el éxito no es individual: "Nosotros somos el escaparate, pero detrás hay 30 personas”.
Esta bonita declaración de amor profesional no es fruto de la casualidad, sino de un estrecho vínculo de absoluta confianza que se ha ido fraguando con los años a base de silencio y buen hacer. ~
Aunque en su atelier de costura es habitual ver a rostros tan conocidos de la crónica social y la televisión como Ana Obregón, Norma Duval o Carmen Lomana, y a pesar de haberse coronado ya como el rey indiscutible de los vestidos de las Campanadas de fin de año, su relación con Doña Sofía ocupa un peldaño totalmente privilegiado en su carrera. El diseñador manchego se ha consolidado como uno de los nombres imprescindibles de su vestidor actual, firmando algunos de sus estilismos más aplaudidos en citas internacionales y recepciones oficiales.
De sus manos y de su aguja han salido piezas de alta costura que ya forman parte de la historia visual de la Corona, como el recordado conjunto rosa que la Reina lució en la ceremonia en la que recibió el Toisón de Oro de manos del rey Felipe VI, el sofisticado diseño de la pasada edición de los Premios Princesa de Asturias, la gala del 150 aniversario de la Ópera Garnier de París o el elegantísimo vestido azul con el que representó a la Corona española en Estocolmo el pasado 30 de abril con motivo del 80 cumpleaños del Rey Carlos Gustavo de Suecia. Cada uno de estos trajes, definidos por líneas depuradas, tejidos nobles y una cuidada confección artesanal, encaja a la perfección con la silueta sobria y atemporal de la madre de Felipe VI.
Lograr este estatus tan alto dentro de la moda española no ha sido un camino rápido. Para comprender el éxito de Alejandro de Miguel hay que viajar obligatoriamente hasta sus raíces en Miguel Esteban, un pequeño municipio de Toledo de apenas 5.000 habitantes cuyo nombre adoptó con orgullo como apellido artístico. Allí, siendo un niño cuyos propios padres recordaban con asombro diciendo "este niño es raro porque no juega", él prefería pasar las horas a escondidas en el taller familiar, imitando los gestos de las costureras. Su determinación total dio sus frutos en el año 2005, cuando firmó sus primeros diseños propios y logró cumplir el hermoso sueño de jubilar a su madre, de quien heredó el oficio. Hoy en día, esa esencia familiar sigue viva: sus hermanas son su mano derecha y capitanean la contabilidad y los proveedores, permitiendo que él se entregue por completo a su arte.
Detrás del genio de la costura, a sus 45 años, se esconde un hombre cercano, apasionado del cine clásico con Lo que el viento se llevó como película favorita, y lleno de curiosas manías, como necesitar que todas las perchas de su taller guarden exactamente la misma distancia. Aunque reconoce que el deporte es su gran asignatura pendiente, su verdadera perdición es la buena mesa. Le encanta comer y admira el restaurante de Ramón Freixa, pero confiesa que nada supera al pisto manchego que cocina su madre, demostrando que por muy alto que vuele entre reinas y palacios, sus pies siguen firmemente pegados a la tierra.