Soledad y aislamiento en la tercera edad: la red de apoyo que necesitan para no sentirse desconectados
En los mayores de 65 años, la sensación de soledad no sólo es física sino que también es emocional al sentirse desconectados. Los expertos valoran a las residencias como una de las soluciones
La salud mental es un aspecto de la vida cotidiana que preocupa cada vez más a las personas de mediana edad y padres de familia. La afluencia de problemas psicológicos debidos al estrés y el crecimiento de problemas emocionales en adolescentes, a edades cada vez más tempranas, parece haber puesto el foco en esta problemática. Sin embargo existe una capa de la sociedad que se está convirtiendo en la gran olvidada en cuestiones de salud mental: la tercera edad. “La soledad en las personas mayores no siempre significa estar físicamente solo, sino sentirse desconectado o poco comprendido”. Lo explica la psicóloga Belén Macías, quien trabaja desde la residencia Bouco Córdoba Centro para alejar a los mayores de esta emoción que se vive desde la experiencia subjetiva y que tiene consecuencias en la salud mental y física. Su compañera, Carla Ruiz, que trabaja en otro centro en Valdemarín (Madrid), la secunda: “la soledad puede influir en los mayores a la hora de desarrollar sintomatología depresiva o ansiosa, así como en un mayor deterioro cognitivo”.
La presencia de psicólogos en las residencias de mayores refleja la importancia de este tema a nivel social. De hecho, el Consejo de ministros aprobó el martes 24 de febrero el primer Marco Estratégico Estatal de Soledades. Y es que, aunque afecta a los distintos segmentos de edad de la población, la soledad no deseada se presenta en altos niveles y alcanza a un 14,5% en el grupo de personas de entre sesenta y cinco y setenta y cuatro años. A partir de esta última cifra, el porcentaje asciende al 20% y, según el último informe del Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada (SoledadES), “suele ser más intensa y persistente, vinculada a pérdidas familiares, limitaciones físicas y dificultad para crear nuevos vínculos”.
Estos son los tres hándicaps contra los que luchan los profesionales de las residencias y centros de mayores, cuyas dinámicas y terapias se enfocan en gran medida en la integración del mayor en su entorno, en su socialización y, en definitiva, en su bienestar integral. Más allá de cubrir necesidades básicas, cuenta Belén Macías, “se promueve la creación de vínculos significativos mediante actividades grupales, celebraciones, talleres cognitivos y espacios que fomentan la interacción diaria”.
Las actividades grupales son el germen de la creación del vínculo entre residentes. Más allá de las necesidades individuales, los talleres, los juegos, el ejercicio físico y, por supuesto, las excursiones construyen un lazo que se basa en compartir horarios, rutinas y objetivos. Un ejemplo de ello son los paseos mensuales por la playa para hacer deporte o para tomar un refresco que se organizan en la residencia Bouco Puerto Banús, en Marbella. Una salida a la que cada vez, se felicita la terapeuta ocupacional Teresa Ávila, se van uniendo más personas, entre familiares y voluntarios.
El voluntariado, clave en la lucha contra la soledad de los mayores
En esta misma residencia malagueña se abren las puertas cada miércoles a los voluntarios de Age Concern, quienes acuden a tomar el té y a conversar en inglés con los mayores. La actividad, “que persigue crear distintos debates y en diferentes idiomas, ha logrado crear una cohesión grupal muy interesante”.
Hay otras formas de luchar contra la soledad. En Bouco Lugo, por ejemplo, el apoyo social contra el aislamiento y la desconexión llega de la mano de los más pequeños y de un proyecto intergeneracional, Conexiones en UPAD, basado en la comunicación entre cerebro y corazón. Se lleva a cabo, narra la animadora sociocultural Marta Alonso, con los niños de sexto de primaria del Colegio Cervantes y aborda, desde un enfoque integral, el cuidado y atención de los usuarios de las Unidades de atención a personas que padecen Alzheimer y otras demencias, “ofreciendo un entorno emocionalmente positivo, reduciendo el estrés, brindando apoyo social y emocional para combatir la soledad”.
Añoranza del pasado y duelo por los seres queridos que ya no están
Asimismo, en España por ejemplo, los centros emeis colaboran con la asociación “Adopta un abuelo”, gracias a la que los residentes de, entre otros centros, Bouco León, Bouco Ciutat Diagonal (Barcelona) o Bouco Madrid Valdemarín, sobre todo aquellos mayores sin lazos familiares o que se encuentran más aislados, reciben visitas de voluntarios con quienes compartir charla, paseos, tiempo, en definitiva, restado a la soledad.
La añoranza del pasado y el duelo por la pérdida de seres queridos son motivos que conducen a los mayores a una sensación de estar solos en un tiempo que ya no les pertenece. Esta subjetividad, que se presenta con estados melancólicos y de tristeza, se agrava ante el desconocimiento de nuevas realidades, como la digital, en la que se basan hoy la mayor parte de relaciones sociales. En este sentido, se trabaja, mediante talleres y actividades lúdicas, en talleres de conexión como las videoconferencias, la mensajería por móvil, las redes sociales o la IA.
También el arte y la cultura sirven para unir pasado y presente y para rescatar del olvido, en el caso de personas con deterioro cognitivo asociado a la edad, acontecimientos y lugares que proporcionan sensaciones muy positivas a nivel emocional. En esta tarea los centros de día juegan, junto con las residencias, un papel fundamental para servir de red de apoyo en fases tempranas.