¿Bucles mentales? El sencillo gesto mental con el que acabarás con ellos
La experta Marta Jiménez comparte una técnica muy simple para tomar distancia de las ideas negativas repetitivas y romper esos bucles mentales que suelen alimentar la ansiedad, el estrés y la inseguridad.
A veces no hace falta un gran cambio para empezar a respirar de otra manera. Basta una frase, un pequeño giro interno, para tomar distancia de esos pensamientos que se repiten sin descanso y terminan robándonos la calma. Eso es precisamente lo que ha explicado la neuropsicóloga Marta Jiménez, que ha compartido un recurso tan simple como revelador para salir de los llamados bucles mentales.
#
Los bucles mentales, esas “rayadas” que aparecen cuando una idea negativa se instala y vuelve una y otra vez, suelen estar relacionados con la ansiedad, el estrés acumulado, la inseguridad o una mala gestión emocional. No siempre se presentan de la misma manera, pero sí comparten algo: la sensación de que la mente toma el control y arrastra a la persona a una espiral difícil de frenar.
#
Frente a eso, Marta Jiménez propone un truco psicológico que ha despertado un enorme interés. Su planteamiento parte de una idea muy clara: la mente genera pensamientos constantemente, pero muchos de ellos no son una verdad, aunque terminemos creyéndolos. Ahí, según explica, empieza el problema. Uno se engancha a lo que piensa, lo da por cierto y entra en bucle.
#
La clave está en introducir una frase justo antes del pensamiento que angustia. En lugar de asumir directamente un “voy a fracasar”, la experta aconseja reformularlo así: “Estoy teniendo el pensamiento de que voy a fracasar”. Parece un matiz pequeño, pero cambia por completo la posición desde la que se vive esa idea. Ya no se trata de fundirse con ella, sino de observarla desde cierta distancia.
Y ahí está, precisamente, el giro importante. Cuando una persona deja de identificarse por completo con lo que le pasa por la cabeza, gana margen para decidir qué hacer con ello. Según defiende Jiménez, ese paso permite mirar el pensamiento desde fuera, no quedar atrapado en él y empezar a recuperar el control. Su mensaje final resume bien esa filosofía: uno no es lo que piensa, sino quien observa esos pensamientos. Y, en ese cambio de perspectiva, puede comenzar una paz mental que muchas veces parecía imposible.